sábado, 1 de diciembre de 2012

¡Despierta del silencio!

Es fácil morir, lo difícil es mantenerse viva. No corrías. Ambos llevábamos casco. Me fuiste a recoger del colegio y mientras reíamos hablando de los planes para el verano, ibas haciendo zetas con la moto. Así nos tardábamos un poco más en llegar a mi casa. Unos días antes del accidente había soñado que me subían a un patíbulo para cortarme los senos y que yo no podía hacer nada. Fue la pesadilla más terrible que tuve jamás. Ya estoy despierta tres meses luego del accidente y siento, cada mañana, que todavía estoy en una pesadilla aún peor, pero que nunca termina. Tardé dos semanas en volver a caminar. Tú no dejabas de culparte y no te separaste de mi lado ni un momento. El silencio siempre fue mi metáfora favorita. Escribí algunos poemas sobre él para las prácticas de literatura. “El silencio es lo más viejo”, decía, “el silencio nace cansado”… Ahora que mi interior grita y no puedo hablar, el silencio es mi verdugo. Aunque la caída que tuve fue de “muy buena suerte”, como dice el médico, estoy segura que mantenerme con vida es en vano. El silencio se come mi alma… No corrías. Se atravesó un perro – ¿el alma del silencio? – que no sabemos de dónde salió y tampoco lo viste después de levantarte de la derrapada. Caí cuatro metros por el peñasco. El casco me protegió, pero hubo algo maldito en ese momento. Todo este mes le pedí a Dios que me devolviera la vida que tenía antes de esa caída tonta. Lo amenacé con matarme si no me sacaba de esa cama… Ahora ya no sirven súplicas ni amenazas. Parece que tú no pierdes las esperanzas, pero cada vez que vienes a visitarme a casa y te sientas a mi lado para hablarme y decirme que me amas, que dentro de poco se terminará este silencio, que podré volver a hablar, sólo siento ganas de que se termine esta pesadilla. Ya no soy la misma. No sonrío, no quiero comer. Siento que soy un fantasma. Y cada vez que me voy a la cama con la esperanza de al fin despertar, hay algo que me dice que esta pesadilla sólo terminaría con otra pesadilla para mi familia: mi muerte. Ya no hay tiempo, mi alma es muy pequeña y el silencio tiene mucha hambre. Sólo quisiera volver a tener voz para decirte que te amo.

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